viaje
un niño se despierta en las rodillas de aquel hombre sentado.
y las horas se le vuelven más pesadas, la noche más lechosa.
no puede soportar las manos tan frías, el traqueteo de un piso ajeno, la duración discreta y muda de sus dientes, el aliento maltrecho de toda la ciudad.
se rasca, se incorpora, se ríe nervioso, se cae, se acurruca, se estremece.
se recuerda.
entristece a todos los pasajeros del tren que no pueden evitar la violenta venida de los mediodías, el picole gritado en la calle, la lengua mojando los labios como un riego necesario, la cuerda rozando la tierra, el polvo levantándose al sol, las abuelitas mirando a través de los vidrios contándose unas a otras cómo curaron su tos, su muerte.
se caen todos, se estremecen, se paran y ríen nerviosamente.
y en el andén siguiente corren dando manotazos fuera del vagón, llorando, enfurecidos.
el transporte público es cada vez más peligroso.
se sabe. se estremece.

