7.6.13

Sumergirte ecualizado en la marea de hojas turquesas que caen en el patio.
Y suspenderte en un vientre repleto de aire que te sople tras la nuca que no sos de nadie y nunca has sido.
Solo, en la copa del árbol, brindarte a tu placer, desarmarte para no dejar rastros ni descendencia. Morirte en los instantes, traslucirte en esta tarde de párpados pesados.
Ayudarte a bajar. Darte un mate. Con espuma, como este mar que inunda toda la ciudad de repente, todo este campo sembrado de pasionarias. Los Cristos se sacan su corona de espinas y se revuelven el pelo, bostezando, moviendo la mandíbula, contando sin ganas un chiste, pidiendo ser parte de la ronda, nunca más uno solo, crucificado en el deseo de alguien más.
Tus ojos brillan en lo opaco. Entrelazamos las manos. Vas creciendo y nos soltamos.
Tu cuerpo ya tiene hambre y tu boca se llena de frutas. Es tan fácil masticar en media estación, se caen por los labios el jugo de cada sabor, la pulpa de una música exquisita. Serán otras palabras las que salgan ahora, envueltas en otra ternura. Van a poder decir y diciendo elegir el sabor del vuelo o flotar despacito en el pasto donde los Cristos se han echado a dormir.

Llegará la noche, y que nos tape el cielo.

4.6.13

Se me perdió una hija y un dulce.
Ya casi no duermo.
Debajo de la mesa de té de jardín está la gata engordando.
Mira de lejos,
Cómo me besa la fiebre y me abraza la tos.
Sabe que hablo de ella
Y su mirada pasa a vuelo raso sobre la colcha, cae por los flecos blancos y
Se arrastra hasta el único pie que dejo en el suelo.
Pasan noticias que no son noticias,
ya no hay cosas importantes.
La tarde es larga con el largo de otra época,
Con un largo de metro de negocio de telas en una esquina.
La gata se comió el dulce y a mi hija.
Y es dueña del patio, y no me invita a tomar el té.
Quiero decirle que me abrace,
La tarde es demasiado larga para mis brazos,
pero ya está mirando a otro lado.

15.5.13

Cómo mirar a un fantasma


Mi casa está llena de fantasmas.
Uno camina por las noches
Tropezándose con otra gente y
ellos tampoco son felices.
Si rozamos la pared, se descascara
Si llueve, gotea.
Si es verano, el calor nos ahoga.
Y vemos desde el patio
los misiles de una guerra silenciosa
que nadie ha dicho.
En mi casa no se dice,
está prohibido decir,
llamar a los fantasmas.
No se puede saludar ni querer,
no se puede mirar de frente a los
ojos de nuestros propios muertos.
Porque cómo explicarles entonces
que tampoco a ellos los quisimos,
que lloramos a una familia que no es nuestra,
que nos faltan cosas que ellos no conocieron.
Que esto que nos dejaron no significa nada
que esta carne de la que estamos hechos
es igual al pasto, a un hueso, al suelo.
Cómo mirar de frente a un fantasma
con tanto miedo a vernos.