12.9.17

que te vuelvan a tu cuerpo
a tu sombra
a tu andar

y esta espesura de grito
se disuelva en la poca importancia
de tu vida de siempre
donde no cabe el oleaje de la multitud embravecida 
donde se pierde la mano tendida
donde la angustia es llegar tarde
al agua que se calienta para el mate,
olvidar la hora de la película,
no cargar alguna máquina de cargar

que te vuelvan a tu cuerpo
que ha sido
tradicional
histórica
propia
mente

tuyo.

11.9.17

yo lo que tuve fue sueño
punto de partida
sutura por abandono

pero el sueño que viene del cansancio
de haber olvidado el nombre propio
de perderse en el barrio

con la letra en tinta
escribí otro destino
en cuero virgen de cordero no nato
a punta de machete,
amenazando.

la tinta se lavó en la misma sangre

y todavía me preguntan
que quiero ser

cuando sea alguien

25.7.14

el señor del fuego deja correr la calle entera,
la va a atrapar de todas formas

ama la tarde azul, llenar de chispas el aire,
hacerlo crujir, volverlo papel, pájaro plumoso,
cortina de espejos, oro derramándose en las líneas del mapa

de reojo mira la multitud
quiere saltarle encima,
quiere jugar y no lo dejan
quiere alcanzar el enjambre
hacerlo brillar
volverse abeja
y bailar suspendido entre las llamas

ver de frente a la muerte,
quemarla

no en vano lo invocan
los santos, la furia, la espada,
las madres,
la guerra,
el miedo que corre
por los pelos de la manada
el mundo que se duerme en sus cenizas
el dios que las levanta con su pala


2.6.14

miro de frente al león
arrugando mi nariz
su lengua atraviesa mi cara, toda
beso con urgencia
desvisto su melena

alrededor, la selva, quiebra en mil pedazos el día

lengua por el cuello, cuello inclinado, 
patas en abrazo, abrazo de guerra y tregua, de desgarrar de banderas

afuera la selva suelta los olores

dientes se clavan en el verde de mi espalda
ruge la tierra debajo de las rodillas y se acomoda,
suavemente,
bajo mis labios

cerca, la selva estira su piel que es suelo y manto

revuelvo mi cabeza contra la cabeza del león
nos miramos de frente
la mano en el cuero, blanda, sigue el fluir de los ríos
la lengua firma sus propias promesas

dentro, la selva esconde nuestros secretos
en miles de pequeños animales,
silenciosos,
mirando tras las hojas.

10.2.14

hace tres años nació "sobre todo" (Ed. Intravenosa). hoy, después de idas y vueltas y de pensar que no estaba escribiendo mucho, llega el segundo: paisaje, gracias a la apuesta, otra vez, de Maximiliano Chedrese y de la Editorial Tres Tercios. 
no quiero hablar sobre lo importante, lo difícil o lo encantador de escribir, leer o editar poesía. para eso está la poesía, para decir lo que tenga que decir. pero si quiero compartir este momento tan lindo para mi con los que siempre andan dando vueltas por este lugar casi escondido de la Web y aprovechar para invitarlos, a los que están más cerca, a la presentación de este jueves 13 de febrero en el Centro Cultural Macedonio Graz, a las 19:30, en San Salvador de Jujuy.  y a los que están más lejos decirles siempre gracias por seguir leyendo.



16.1.14

Gelman

foto: Cristina Rodriguez - 17 de Abril de 2013


A los 14 años tuve la repentina urgencia de leer poesía. Así que entré en la librería Rayuela y empecé a buscar entre autores que para mi eran desconocidos, sin más referencia que la intuición y solo esperando que uno o dos versos me digan cuál elegir. El resultado fue “Sofía (in memoriam)” de Ernesto Aguirre, “Songoro Cosongo” de Nicolás Guillén y “Anunciaciones” de Juan Gelman.
Habían pasado otros 14 años, el 17 de abril del 2013, cuando pude ver a Gelman, escucharlo de cerca, darle la mano, temblar de vergüenza y de darme cuenta que hasta mi cuerpo entendía mejor que yo el lugar de la poesía. Anunciaciones seguía siendo mi libro favorito, no de los tres que había comprado, sino de todos los que había leído desde entonces, seguía siendo el despertar, la ternura, la sorpresa, la excitación, la maravilla de descubrir que el lenguaje también podía ser otra cosa.
Lo que diga no alcanza, sigo teniendo vergüenza. Prefiero mirarlo.

Estoy en México y leo que Juan Gelman leerá junto a José Emilio Pacheco en el Centro Cultural de España. Ya sé como llegar pero igual me dibujo un mapa, lo llevo y de todas formas tomo la dirección equivocada. La Donceles me ve ir y venir con una seriedad importante.
Se presentaban dos libros para chicos. Gelman y Pacheco iba a leerlos y a contestar preguntas. Estábamos todos sentados, esperando. Y de una puerta lateral se ve aparecer la figura de Gelman. Está más grande que la última foto que vi. Nos mira a todos y el señor que está en el último asiento de mi fila levanta tímidamente la mano, saludándolo. Gelman entonces empieza a caminar hacia él y le extiende la mano.
Todos nos quedamos mirándolo con una sonrisa que seguramente lucía bastante estúpida, esas sonrisas que dicen “vinimos a verte”. El hombre no lo conocía, solo lo saludaba. Entonces todos comenzaron a hablarle, a acercarle libros, cuadernos, para tener una firma.
Yo lo miraba totalmente inmóvil. Había tenido la osadía de llevar mi libro, en mi bolso. Tocaba mi bolso como esperando que el tacto me anime a entregárselo, pero no pude, solo lo miraba. En eso llegó Pacheco y se acomodaron en el escenario para leer.
Y vino la voz de Gelman y habló de un ciempiés con muchas patas al que le preguntaban con cuál de ellas comenzaba a caminar y el ciempiés dudaba y no sabía responder y se quedaba, finalmente, inmóvil.

Cuando ya no había más para leer ni responder, los autores agradecieron, saludaron y se pararon. Yo salía rápido de la sala hasta la puerta de calle, esperaba que alguien me busque y no podía estar quieta. Volví a entrar y vi que Gelman se había quedado saludando, hablando con la gente.
Me acerqué arrepintiéndome en cada paso.
Elegí un lugar en una fila horizontal improvisada de sonrisas bobas que esperaban saludarlo. No había firmado mi libro porque sabía que no me iba a animar a dárselo.
Entonces llegó mi turno, me extendió la mano. Nos dimos la mano. Le pregunté si podía regalarle mi libro, me dijo que sí, se lo di y ahora estaba en sus manos.
Le dije que a los 14 años encontré Anunciaciones y que eso me cambió la vida. Quería decirle del despertar, de la ternura, de  la sorpresa, de la excitación, de  la maravilla de descubrir que el lenguaje también podía ser otra cosa, pero era imposible porque en ese mismo momento me estaba dando cuenta, del lugar de la poesía. En ese momento lo que yo tomaba con descuido me agarraba de los hombros y me mostraba lo real, me hacía reconocerla, me sacudía el cuerpo entero.

El me pidió que le repitiera el nombre del libro. Anunciaciones. Y me dijo gracias. Y me fui rápido porque en la fila horizontal había más gente y yo no podía más de la vergüenza y de una extraña sensación de calor en el pecho, de temblor en las manos, de alegría, de admiración.
En la puerta de la sala miré para atrás y lo vi de nuevo, con el libro en las manos. Y quise irme rápido.
Ese momento podría no hacer existido y la pena sería la misma. Pero darle la mano, perderme en sus manos grandes, en sus ojos que decían gracias, ver coincidir las formas de una admiración poética con la admiración de un señor inmenso y amable, escuchar su voz... era tener 14 años en una librería buscando, era unos versos convenciéndote, era el despertar, la ternura, la sorpresa, la excitación, la maravilla de descubrir.


6.12.13

estamos -o sea, estoy- en pleno proceso de selección para el próximo libro.
los procesos de selección me dan sueño.

29.11.13

verde marea la de los campos húmedos
los pobres queriendo ser sábanas, párpados, tábanos
se acuesta arrugada en las olas rompientes:
espera tu cuerpo
que venga profundo
tu espalda de mástil
tu ondear de muda sirena.
en la planta de tus pies
también crece una cartografía secreta
nadie puede leerla
más que este mar, el algodón, las sábanas viejas.
las cosas te anticipan, intuyen tus manos
se desvisten de sus formas, se disfrazan,
son otras, se obligan, se hieren en el vuelco
te ven pasar, inmune hasta las aguas,
espuma toda brotando.
llueve adentro del mar
¿es verdad que cerrando los ojos
no se mira más?
¿sabe el polvo flotando en el aire
que la tarde no es un milagro?
¿sabe tu voz, en algún lugar de tu cuerpo, antes
de volverse palabra, que sale de un mapa
antiguo, de un templo?
llega por fin el andar al puerto
giran las anclas
cruje el desvanecer de los dedos.
tu cuerpo es un pez en mis brazos,
agitándose todo el universo.

26.11.13

de vientre plano
traga tierra, inunda brazos.

yo te tuve, misericordiosa,
rondando por las pestañas,
demorando el pestañear.

no es mi culpa el salto hirviente, ni la altura.

no es mi culpa el mundo tan grande
ni los ríos que se retuercen y
hacen surcos y saltan y salpican y todo lo perturban.

de boca ancha
y sabores dispuestos.

yo te tuve, misericordiosa,
nadando tranquilo y a veces violento,
envenenado por la piel suave
por el crujir intenso de las patas
por el chapoteo lento en el pantano.

te dejé pastar, te alargué la cuerda,
te pasé la mano en el madrugar justo,
te solté las aves.

no es mi culpa el cielo indefenso,
el aire tan vacío,
la crueldad de los nidos,
la efervescencia del suelo.

no es mi culpa el encenderse,

el fin de año, tus dedos nuevos.

6.11.13

también la mansedumbre es arder.
creer que se lucha, bañarse en una tarde llena de tristeza
ver cómo se humedecen los azulejos, saber cómo afuera llueve
dejar la radio prendida, la ducha corriendo.
qué ridícula suena la rebelión cuando todo es fluir
¿contra qué se detiene el mundo?
¿sigue girando aunque no sepamos?
¿sigue cambiando aunque las pancartas?
arder es brillar y reducirse.
volverse mineral en la espera del vuelco
buscar a los santos en los elementos
enjabonarnos enteros.
arder es patalear en el ahogo,
contar las uvas, brindar,
contar los años.
arder es también la mansedumbre
de sentirnos dueños.
la risa boba, el mundo encapuchado de sereno.

2.11.13

oído al piso
late el asfalto
se dibujan los labios
se abren brotando en manjar

debajo peregrinan los que han pasado
los que viven por dentro del asfaltar

y pasan las carretas estirando las medidas de un espacio reducido en el mirar
se ensancha sin embargo el tacto, se enternecen los troncos de los árboles
en un intrépido doblar
se agrava la mirada de unos pájaros
les crecen manos en las alas
rascan las ramas, trepan en los lomos
prenden fuego el pasto
se someten a una violencia contenida
por la historia de las plumas
se manosean todo el día
cantan pura maldad



usted no sabe
lo terrible del paseo
cuando a cada quien le brotan nuevos verbos

la premura y sucumbir
como una especie de promesa

no dejar que los entaures se acostumbren a los brazos
que las sienes no se tomen por cabezas
ni el esfuerzo por virtud
ni la virtud por pureza

caminar en el medio del pantano
delineando un malabarismo sin frontera
el equilibrio de quien cura por lo sano
la resaca en el ojo de la chillona calavera

sucumbir ante la urgencia
nadar en el barro apetitoso de la ira
devolvernos al placer de la ceguera

no dejar que nos entauren la alegría
de prenderle fuego a las banderas

1.11.13

del derecho al revés y tosiendo
un escarmiento se avecina entre tus sienes
frotarse al desamparo de un cariño
era tanto equivocarse, tanto error

igual las manos se abrirían sedientas
mendigando a la madrugada su calor
mandrugando, mandrugando

trina, chilla, ruge, silba
se mueve en todo el desamparo de una cama sin amor

¿ves allá las luces de otro día?
hoy tampoco
ahogar al niño
susurrarle cosas lindas, cosas enteras, gruesas, inconmovibles por el óxido y la duda, cantar bajito
una canción de dulces y panes y empujar su bella cabeza en las aguas mientras lloramos
querer abrazarlo
arrepentirnos
vivir con pena
con tanta pena


despertar
rodeados de agua
hoy, mientras granizaban las rudas, un momento, una pausa. saqué a Adán del pecho, miré al costado. todo hablaba de un final, de dejar las ropas, las fundas, las bestias de los dedos. por un momento, ese exacto, sentí la liberación de soltar todo, dejar de hilar frases, dejar de construir cosas que no existen, volverme muda al mundo, meterme debajo de una sábana hirviente y respirar. que nada me contagie un abrazo y los puentes se derrumben. ser una persona indescifrable caminando tranquila y triste por una vereda, en cualquier lugar. no mencionar, no hablar, no decir. es un peso grande el de un amor primero, el de un primer lenguaje. y mi idioma es todo lo que se hacer. soltar los caballos y que se vengan en contra, como otra precipitación brava, algo inmenso sobre los hombros. soltarlos y estar rodeada y la polvareda en los ojos, colgando en las pestañas, haciendo nido en las muñecas. ¿cómo retroceder de uno mismo? ¿cómo espantar a las crías? ¿cómo salirse del pan? la tarde en cámara lenta negándome el placer de la huida, las voces gritando afuera, siempre afuera, lo que hay que ser. el mundo levantándose en un palo como un trofeo de qué. ¿cómo hacer para solo mirar?

23.10.13

las luces verdes de las esferas me reclaman, la diosa arrodillada en la leche de un volcán, esquivan en el vuelo las fieras las desgracias, se agachan con la exactitud de un pavoroso infarto subiendo por el brazo y el saber, el saber que es el momento y la erupción, el roce subterráneo de los cuerpos, la lengua que reconoce al dueño, la soga que amamanta al esclavo, el pecho que se parte en los pobres, las bocas que reclaman otra vida menos seca, menos verbo, más cálido abrazo de las aguas en las sienes, menos miedo, más salto. más salto.

26.9.13

es un extraño habitarte, querida. tus piletas piadosas doblando el dormir, prohibiendo el agua y las manos, tus escaleras inmensas hasta la vista de una ciudad amansada en las luces. extrañarte adentro, en una hora distinta, extrañarte viéndote, en un paralelo arrepentido, parada en tus hombros, abrazándote el cuello.
habitarte todavía y te has ido. habitarte enferma de fiebre por no saber cómo llegar, por perderme antes de tiempo, por temblar en los escalones, por pisar fiero en el deseo, doblándome un pie. cada palmo de tu cuerpo es un oro que cuesta saber. mi dedo lo recorre, sediento, tamborilea tus nombres, salta de espasmos las esquinas, renueva la fe en cada baldosa, la pierde, la gana, la vuelve a perder.
habitándote extraño. ser un lugar por siempre, en cada lugar distinto. volverse a donde no hay espantos ni cariños. y tus hombros tan lejos ¿extrañarán los míos?

22.9.13

Guardo el subir y el bajar de tu pecho
en mis uñas hundiéndose en las manos
en el propio respiro que no hago.
Te lo presto. uno. dos.
-lo que sea necesario-
No pestañeo, espero, no vivo, (en ese instante)
tampoco muero. Me quedo vigilando,
espantando a los perros detrás de la puerta
a los enfermeros.
¿Nadie sabe de tu nombre?
¿nadie se postra ante el largo sonido del nacer?
Prometo todo lo que puedo,
lo que no también.

Prometo en palabras que mi lengua todavía no tiene
ofrezco partes de mi cuerpo que no me han crecido.
Simulo la riqueza, la nobleza, la valentía,
predico, rezo, amenazo.
Pero solo estoy ahí, teniéndome en tu mano.

En el gesto más cobarde.

Sigo sin soltarla.
Si fuera la guerra hace rato me hubieran muerto.
Sigo sin soltarla y pasaron años
y tu mirada me sigue diciendo basta,
levantáte, no prometas, no te duermas.


Soy la peor guardiana del universo.

19.9.13

los labios abrillantan los topes
donde pasta tierna una mirada
jubilándose en las ganas de inventar otra rueda
que gire hasta un desenlace más cálido
uno que tras la cortina sea un frente
y volviendo del pecar sea solo
un juntarse tranquilo,
el cauce de un río
-esas cosas que no se contradicen
porque no se les ha dado el poder

de mentir-

24.8.13

detrás, en mi nuca, algo pica. pego el manotazo. se desprende tu casa, dos ventanas, dando al jardín.
se cae al suelo, la piso como a una hormiga, suena el piano de tu despertador. piso más fuerte.
dejo un libro, un plato de fideos, un papel avión de propaganda, las llaves, un mate que iba a mi boca. porque me pica de nuevo, en el medio de la espalda.donde no alcanzo. muevo mis brazos, como a punto de volar.tu casa de nuevo y el sol. el sol del mediodía, fuerte sol, erguido, pegando fuerte en el escalón, ahí estamos abrazados, hasta pasa un vecino, lo saludamos. dos ventanas, frente blanco, jardín.
entro corriendo a la ducha. agua caliente, sobre mi espalda, te desprende de a poco. puro vapor. y entonces de mis piernas cae la noche, el primer abrazo, el girar interminable hasta una colcha, tu luz de baño de terminal, los pocos gestos de caballero, el desorden, tus ojos volviéndose adentro después de mis labios.
salgo de bañarme. completamente limpia. los ojos más grandes. me miro al espejo. ya no quedaste, no hay restos. mi pelo ahora es largo, de sus puntas veo que comienza a treparse alguien más.

Mi foto
Libros publicados: *Sobre Todo (Ed.Intravenosa, 2010) *Paisaje (Ed. 3 Tercios, 2014) Antologías: *Once. Salpicón jujeño de poesía (Ed. Intravenosa, 2011) *Antología Sumergible (EdiUnju 2012) *Arcade (2017) *Antología Federal de Poesía NOA (2017) contacto: nuria.salome@gmail.com